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domingo, 14 de octubre de 2007
Enfermedad holandesa en el Perú
Publicado por CIRCULO DE ESTUDIOS "CESAR VALLEJO" en domingo, octubre 14, 2007Parece que, ahora sí, en el Perú y América Latina se nos introdujo el virus de la “enfermedad holandesa”. Esta enfermedad le ocurrió a Holanda en los 70 cuando se descubrió petróleo en el Mar del Norte. Al aumento de la entrada de dólares a la economía, como producto de la nueva exportación de “oro negro”, se añadió el enorme aumento de su precio (de US$ 12 a 40/barril) debido al shock causado por la guerra entre Irak e Irán, dos grandes productores de petróleo. La entrada masiva de dólares abarató el dólar. El efecto inicial en la economía lleva a una baja de los ingresos de los exportadores de productos diferentes del petróleo. Pero no solo eso. Inmediatamente se abaratan los bienes importados que compiten con los nacionales transables (por ejemplo, refrigeradoras y electrodomésticos producidos en Holanda), lo que disminuye las ventas de los productos holandeses en el mercado interno. Consecuencia: cierre de empresas y pérdida de empleos. Este cambio en los precios relativos impactó también en la estructura de la economía, pues una parte importante del capital se “reorientó” a los sectores “no transables”, como servicios y construcción. El problema es que esa reorientación puede no ser la más conveniente en el mediano plazo, pues cuando disminuyan los precios del petróleo estos sectores pueden verse seriamente afectados y, con ellos, toda la economía. En países como los nuestros, hasta hace unos años, lo que teníamos era la “maldición de los recursos naturales”, una variante de la “enfermedad holandesa”, pero que no es igual. Consiste en que la abundancia de dólares proveniente de un recurso natural como el guano, el petróleo, el cobre y el oro hace que los gobernantes se acostumbren a vivir plácidamente de las rentas que generan, en actividades de carácter puramente extractivo. La “maldición” agrava los problemas de un país pobre pues privilegia la renta y, para peor, no la distribuye adecuadamente en las diferentes regiones y sectores productivos (por el contrario, puede generar corrupción) y tampoco se gasta adecuadamente: se compran armas, construyen elefantes blancos, aumentan las importaciones de bienes suntuarios. En los últimos años hemos vivido un enorme shock de los términos del intercambio, debido a los super favorables precios de los minerales (para países como Perú y Chile), del petróleo (Venezuela y Ecuador) y, más recientemente, de los precios de los productos agrícolas (trigo, maíz, soya, que favorece a Argentina, por ejemplo). Aumentaron también las remesas de los migrantes y las exportaciones de productos no tradicionales (vale decir, con valor agregado) como los agroindustriales, químicos, siderúrgicos y metalmecánicos), lo que “probaría”, que la revaluación de la moneda nacional no los afectaba y que no había “enfermedad holandesa”.Estos sectores se quejaban, es verdad, pero la cosa quedaba allí. Pero en los últimos meses y semanas ha llovido sobre mojado por la decisión del Banco Central de EEUU de rebajar la tasa de interés, lo que ha “desviado” más capitales foráneos a nuestros países para aprovecharse de las diferenciales de tasas de interés: aquí son más altos que en EEUU. En el caso peruano, este diferencial se agrandó pues el mes pasado el BCR subió la tasa de interés para combatir la inflación.Es por eso que han comenzado las quejas, ya no solo de los exportadores, sino de los que producen “transables” para el mercado interno. En Colombia, Argentina y Brasil, estos sectores productivos comienzan a padecer la competencia de importaciones de productos “sustitutos” de los países industrializados, que se han vuelto competitivos por la baja del dólar. Este hecho hace, ahora sí, que estos fenómenos se asemejen a la “enfermedad holandesa” primigenia, descrita al inicio, con todas las consecuencias que esto puede tener en el aparato productivo (empleos, ingresos). Es evidente que este problema no puede ser solucionado solo con la compra de dólares del Banco Central, pues requiere de una “junta de médicos”, donde intervenga el MEF, la SUNAT, los ministerios de la producción y los gremios empresariales y sindicales. Si esto no se hace, la bonanza macroeconómica y el malestar microeconómico que padece el país (y que tan bien la describió Jurgen Schuldt) puede agravar las enormes fracturas sociales ya existentes, debido a que ahora, incluso los sectores urbanos que se beneficiaron de la bonanza, comienzan a sufrir sus malestares. Publicado el 05 de Octubre de 2007

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