Encuesta Virtual
lunes, 19 de marzo de 2007
Publicado por
CIRCULO DE ESTUDIOS "CESAR VALLEJO"
en
lunes, marzo 19, 2007
REBELION ESTUDIANTIL
Decían que nada les interesaba, que eran despreocupados y ligeros, pero ellos buscaban, a su manera, la forma de hacerse presentes. Un día despertaron y eligieron el mejor momento para alentar un mejor, más maduro y más justo ejercicio democrático.
. El Día Que Despertó La Generación X Una gigantesca movilización, sin ningún interés partidista en la trastienda, que recordó cívicas jornadas y dio una lección al país.
EL súbito renacer de la movilización política estudiantil y juvenil que, desde el 3 de junio hasta culminar en la gran marcha al Congreso el jueves 5, tomó las calles de Lima es un hecho político que ha sorprendido al gobierno y lo ha dejado con el aliento contenido.Si no un terremoto, se trata de un sismo o -como quería un humorista- de una versión política equivalente al del fenómeno del Niño, con la diferencia que ahora el niño se ha transformado en cientos de miles de jóvenes que cobran rostro, forma, contundencia. La generación X empieza a dejar su impronta.La réplica de tales manifestaciones ha ocurrido asimismo en varios puntos del país que se han multiplicado en marchas y manifiestos de índole plural.Unánimemente se ha tratado de una rehabilitación moral de los 3 miembros destituidos del Tribunal Constitucional, que son hoy objeto de sucesivos homenajes en las universidades de Lima y de provincias.Delia Revoredo no está en Lima, pues ha debido viajar al extranjero por un imprevisto familiar, pero Manuel Aguirre Roca y Guillermo Rey Terry recorren el sur peruano -Arequipa, Moquegua, Puno y Cusco- atendiendo llamados de universitarios y Colegios de Abogados, convirtiéndose en virtuales héroes cívicos.
Magistrados Guillermo Rey Terry y Manuel Aguirre Roca en Arequipa: un desagravio que se extiende por todo el país.
Y este solo hecho da una prueba de lo singular de la presente coyuntura política. Tres magistrados cuya única fuerza son la dignidad y el apego a la Constitución se convierten en los puntales de una respuesta cívica contra los excesos y avasallamientos de un gobierno que tiene todos los recursos, que ha abusado de ellos y cuya única debilidad es básicamente moral.La mayoría oficialista en el Congreso obtuvo lo que quería: descabezar al TC, liquidarlo virtualmente y dejar en él a peleles que se escudan en la Casa de Pilatos, avergonzados y en las sombras.No se esperó, sin embargo, que esta prepotencia rebasaría el vaso y que los jóvenes fueran quienes retomaran el fuego del rechazo con una inesperada modalidad política que por igual rehúye el abuso, la espectacularidad y el protagonismo del liderazgo, el habitual show de la publicidad noticiosa.Movilización insólita, lejos de las acostumbradas en el país. No hubo líderes o representantes. Todos tenían la palabra. "La gente está cansada de los líderes y tenerlos sería identificarnos con un grupo. Eso es justamente lo que no queremos", afirma Claudia Pérez, estudiante de Letras de la Universidad Católica. Los jóvenes, conscientemente, han preferido el anonimato. "Los políticos se han convertido en un antimodelo, entonces lo que ellos menos quieren es parecérseles", señala el sicólogo Roberto Lerner para explicar el porqué los universitarios han rehuido en días posteriores entrevistas a los medios de comunicación.La marcha del jueves fue límpida, alegre, fresca. La política en hombros jóvenes es una fiesta, dijo alguien al ver la concentración estudiantil en las calles del centro. Entre sus filas, alumnos de diversas universidades -públicas y privadas- compartían la misma consigna: dejar sentada la indignación. Pero en un ambiente de neto corte juvenil que para nada recordaba las algaradas del Apra, de las izquierdas, de los populismos."Nuestra reacción se debió a que cargábamos con un sentimiento de impotencia al ver que las cosas empeoran en el país. La intransigencia, la tiranía, el ambiente de autoritarismo que se percibe es inconcebible, más aún cuando se producen bajo la sombra de un gobierno que se hace llamar democrático", opina Luz Ramírez, estudiante de la Universidad de Lima. El anonimato no tiene que ver, pues, con el miedo, sino más bien con una forma de marcar distancias con los políticos de toda índole, con los hábitos precedentes."Esta es la primera manifestación universitaria, luego de 25 ó 30 años, que no ha sido organizada por partidos políticos", señala el estudioso Francisco Sagasti. "Es una movilización espontánea que marca la reaparición de un nuevo modo de expresión, luego de la cruenta época de Sendero. Gritaban "Somos estudiantes, no somos terroristas". Eso demuestra el deseo de quitarse el sambenito que limita que cualquier persona exprese sus ideas".Frente a este mar humano, la barrera policial y la vergonzante fotografía o filmación de improvisados reporteros, con inocultable aire soplonesco resultaba ridícula o fantasmagórica. En el Congreso, ante la inminente llegada de los jóvenes, el relator pasaba lista apresuradamente. Había que correr y ante la ausencia de los congresistas de la mayoría, levantar la sesión por falta de quórum. Muchos miraban por las ventanas, otros preguntaban si eran muchos los manifestantes, hubo algunos que querían taparse los oídos ante las crecientes voces:"Montesinos, escucha, el pueblo te repudia". Varios correligionarios le preguntaban a Dennis Vargas Marín si la cosa era seria. "Me parece que sí, -decía Vargas-. Es el comienzo de algo grande. Y la culpa la tiene Chirinos Soto. ¡Cómo se le ocurre pedir 10 años de inhabilitación!". Olvidaba, claro, que él también estuvo entre los acusadores en esa subcomisión malhadada de 2 miembros.
JUNTOS , PERO NO REVUELTOS
La convocatoria para la marcha estudiantil, que muchos han calificado como la más grande de los últimos tiempos, tuvo ribetes peculiares. Cafeterías y lugares "donde se hace vida social" -según definición de los propios alumnos- sirvieron para coordinar la movilización. Otros, en cambio, lo hicieron a través de grafitis, comunicados y pizarrones. "Por la institucionalización de todas las universidades intervenidas. Por una educación superior accesible a los hijos del pueblo", rezaba un volante de la Universidad Villarreal que terminó confundido entre misivas de la CGTP, del Fentenapu y el Jode (Jóvenes Democráticos). Aunque recorrieron los mismos pasos, los jóvenes universitarios prefirieron mantener distancia de los trabajadores. "Estamos cansados de que no se oiga nuestra propia voz, un canal de televisión nos advirtió que si no hablaba algún congresista no había noticia. Los mandé al diablo", recuerda Martín Saavedra, estudiante de derecho de la Católica. Así, quienes fueron mandados, aunque no al diablo, sino a integrar las filas, fueron algunos políticos que llegaron a "solidarizarse" con la marcha estudiantil. Los alumnos buscaban de esta forma no caer en parámetros, "ni con los de izquierda, ni con los de derecha"."Esta ha sido una protesta de la sociedad civil. Es nuestra expresión ante la crisis que atraviesa el Perú y creo también que es una clara demostración de que los jóvenes estamos buscando nuestro propio espacio político", indica el sanmarquino José Ramos.
ANIMOS Y TEMORES
Para Roberto Lerner, el rechazo al liderazgo por parte de estos jóvenes responde a un crisis de representatividad en general. Sumamos a esto un temor instalado en el propio contexto estudiantil.Sólo en la Universidad de San Marcos -donde se constituyó una comisión reorganizadora hace dos años- persiste un solapado ambiente de represión. Los alumnos se cohíben de opinar -con nombre propio- sobre el gobierno, aduciendo que los pueden "fichar". "Dentro de la universidad hay agentes de inteligencia, visten terno y usan anteojos, y si no son ellos, finalmente son los propios guachimanes quienes nos amenazan si nos ven organizando marchas o pegando comunicados", cuenta un estudiante.El miedo a la expulsión es el freno. "Ya han sido retirados varios dirigentes estudiantiles", señalan."Estos chicos no reflejan una ideología, no se trata tampoco de una reivindicación política, es un estado de humor que raya con el hastío. Hay en ellos una gran espontaneidad, pero también un marcado individualismo y un desprecio por lo intelectual que ansía más bien la búsqueda de cosas prácticas", añade Lerner.
En vano la policía hizo una muralla ante el Congreso. El país fue notificado de una maciza y noble protesta.
"Buscábamos una forma de expresarnos. Sólo fuimos el canal para hacerlo", afirma Zoila Miñano, estudiante de la Pontificia Católica, universidad que congregó a gran número de jóvenes y cuya participación resultó grata sorpresa entre los transeúntes que presenciaban la marcha. Previsores, fueron ellos quienes alistaron frasquitos de vinagre y toallas. Improvisado botiquín que les permitió salir con bien de la nebulosa producida por las bombas lacrimógenas esparcidas en honor al choque -a punta de palos- entre policías y trabajadores. Nueva experiencia para los jóvenes de universidades particulares, -quienes a pesar de la trifulca -que hubieran preferido no presenciar- se sienten satisfechos con la resonancia que ha tenido la movilización. "Perdimos un megáfono y se nos rompió un bombo, pero igual creo que logramos hacerle saber al gobierno que aunque estamos callados, siempre están bajo nuestra mira", advierte Claudia Pérez.Y aunque esperan no crear expectativas, tampoco piensan cruzarse de brazos. Por lo pronto, varios de ellos alistan padrones en búsqueda de firmas para el referéndum, y otros más preparan un homenaje en desagravio a los magistrados destituidos.
Ayer y HoyEn los últimos 40 años, la vida política estudiantil ha conocido giros, revuelos y estilos.
ES parte de la tradición latinoamericana que la universidad sea el gran pórtico de los cambios políticos. El Perú no escapa a ello. Frente a lo de este cálido junio, una movilización atípica, sin embargo, habría que recordar las características de otras protestas que, en sus comienzos, fueron políticas (la reforma de Córdoba que daría lugar a la generación de Víctor Raúl Haya de la Torre y el "Cachorro" Manuel Seoane) para luego en los finales de los 50 e inicios de los 60 ser afines a cuestiones educativas (cogobierno, autonomía suspendida de La Cantuta, las leyes universitarias), aunque el ingrediente político partidario estaba muy presente.
O. Espinosa, presidente de la FEP, enfrentó a Prado.
El Apra ejercerá un predominio en el mundo universitario entre los 30 y los 50, con altibajos, persecuciones y destierros. Carlos Enrique Melgar fue el último presidente aprista de la Federación de Estudiantes del Perú. Oscar Espinosa Bedoya fue el único del Partido Demócrata Cristiano entre 1960 y 196l. Después, al año siguiente, arribaría el reputado sicoanalista Max Hernández Camarero, un independiente apoyado por las izquierdas.Luego sobrevendría una radicalización política de la FEP que la desacredita, alejándola del cuerpo principal del estudiantado y convirtiéndola en arena de luchas estrechamente sectarias.Walter Palacios, del Apra Rebelde, fue presidente de la FEP en 1963. En Ayacucho se realizó ese año un congreso estudiantil que terminó definiendo enemistades y controles en la izquierda y que Abimael Guzmán califica de capital importancia para "el movimiento revolucionario".En todo caso, Palacios sobrevivió a la clandestinidad derivada de la guerrilla de Luis de la Puente Uceda en 1964, trabajó un tiempo en Sinamos y se volvió terruco en los 80.
Los inicios de AP. Juvenil Miguel Cruchaga, presidente de ACUNI, toma banderas y defiende a estudiantes de agresión policial.
Lo sucede al frente de la FEP, Gustavo Espinoza Montesinos -de la facción PC moscovita -y de allí la federación continuó de mal en peor.En los años 60 hay dos acciones universitarias remarcables. Oscar Espinoza en la FEP protesta por la detención y violación de 11 estudiantes que fueron internados en El Sexto en las celdas de avezados delincuentes. La indignación general fue de tal magnitud que el vicepresidente de Manuel Prado, Luis Gallo Porras, acudió a la concentración convocada por Espinosa en la Plaza San Martín y anunció la destitución del Ministro Carlos Carrillo Smith.Miguel Cruchaga, de Acción Popular, sucedió a Espinosa en la ACUNI, señal del arraigo de Fernando Belaunde en el estudiantado. En 1961 se convocó a una manifestación en el Parque Universitario para protestar contra los bajos salarios de los maestros. Se marcharía luego al Congreso. La policía reprimió la marcha y murió un estudiante secundario, Juan García Collantes. El propio Cruchaga fue severamente apaleado en la avenida Abancay. Enrique Felices, por entonces estudiante, se salvó por caminar en la vereda.Poco después Cruchaga convocó a la ACUNI para rendir un homenaje al estudiante caído. El gobierno prohibió toda manifestación callejera. Con maña, Cruchaga planeó que uno a uno los estudiantes se concentraran dejando una flor como ofrenda en el lugar donde había caído el escolar. La policía los atacó en las puertas de la UNI. Cruchaga tomó una bandera y trató de marchar con ella siendo agredido. CARETAS lo fotografió en uno de los baldíos que rodeaban la UNI. En las universidades particulares, la Universidad Católica será también un semillero de dirigentes que van de la Democracia Cristiana al PPC, pasando por movimientos izquierdistas de registro radical diverso. De esas fuentes surgen figuras como Manuel Moreyra, Agustín Haya, Francisco Diez Canseco, Rafael Roncagliolo y Lourdes Flores Nano entre los 60 y los 70. En menor proporción, la Universidad Agraria tendrá también momentos de radicalismo.La población estudiantil aumenta y, naturalmente, los liderazgos partidarios se multiplican haciendo más difícil dar forma a una concentración en torno de la FEP.La restauración democrática en 1980 marca una declinación de la actividad política protestataria en los claustros universitarios. La sombra del radicalismo y el dogmatismo de Sendero, nucleado originalmente en Ayacucho, avanza en Lima y gana terreno en San Marcos y la UNI.Con el gobierno de Fujimori las universidades pierden rezagos de autonomía y finalmente son intervenidas. Sendero se convierte en un núcleo minoritario de terror y los estudiantes estaban asqueados del caos.Por reacción, los estudiantes reclaman estudiar y se alejan de cualquier activismo político. El mote de generación X alude a este afán de pasar inadvertida, de parecer una juventud apegada a la música, indiferente a lo político.
. El Día Que Despertó La Generación X Una gigantesca movilización, sin ningún interés partidista en la trastienda, que recordó cívicas jornadas y dio una lección al país.
EL súbito renacer de la movilización política estudiantil y juvenil que, desde el 3 de junio hasta culminar en la gran marcha al Congreso el jueves 5, tomó las calles de Lima es un hecho político que ha sorprendido al gobierno y lo ha dejado con el aliento contenido.Si no un terremoto, se trata de un sismo o -como quería un humorista- de una versión política equivalente al del fenómeno del Niño, con la diferencia que ahora el niño se ha transformado en cientos de miles de jóvenes que cobran rostro, forma, contundencia. La generación X empieza a dejar su impronta.La réplica de tales manifestaciones ha ocurrido asimismo en varios puntos del país que se han multiplicado en marchas y manifiestos de índole plural.Unánimemente se ha tratado de una rehabilitación moral de los 3 miembros destituidos del Tribunal Constitucional, que son hoy objeto de sucesivos homenajes en las universidades de Lima y de provincias.Delia Revoredo no está en Lima, pues ha debido viajar al extranjero por un imprevisto familiar, pero Manuel Aguirre Roca y Guillermo Rey Terry recorren el sur peruano -Arequipa, Moquegua, Puno y Cusco- atendiendo llamados de universitarios y Colegios de Abogados, convirtiéndose en virtuales héroes cívicos.
Magistrados Guillermo Rey Terry y Manuel Aguirre Roca en Arequipa: un desagravio que se extiende por todo el país.
Y este solo hecho da una prueba de lo singular de la presente coyuntura política. Tres magistrados cuya única fuerza son la dignidad y el apego a la Constitución se convierten en los puntales de una respuesta cívica contra los excesos y avasallamientos de un gobierno que tiene todos los recursos, que ha abusado de ellos y cuya única debilidad es básicamente moral.La mayoría oficialista en el Congreso obtuvo lo que quería: descabezar al TC, liquidarlo virtualmente y dejar en él a peleles que se escudan en la Casa de Pilatos, avergonzados y en las sombras.No se esperó, sin embargo, que esta prepotencia rebasaría el vaso y que los jóvenes fueran quienes retomaran el fuego del rechazo con una inesperada modalidad política que por igual rehúye el abuso, la espectacularidad y el protagonismo del liderazgo, el habitual show de la publicidad noticiosa.Movilización insólita, lejos de las acostumbradas en el país. No hubo líderes o representantes. Todos tenían la palabra. "La gente está cansada de los líderes y tenerlos sería identificarnos con un grupo. Eso es justamente lo que no queremos", afirma Claudia Pérez, estudiante de Letras de la Universidad Católica. Los jóvenes, conscientemente, han preferido el anonimato. "Los políticos se han convertido en un antimodelo, entonces lo que ellos menos quieren es parecérseles", señala el sicólogo Roberto Lerner para explicar el porqué los universitarios han rehuido en días posteriores entrevistas a los medios de comunicación.La marcha del jueves fue límpida, alegre, fresca. La política en hombros jóvenes es una fiesta, dijo alguien al ver la concentración estudiantil en las calles del centro. Entre sus filas, alumnos de diversas universidades -públicas y privadas- compartían la misma consigna: dejar sentada la indignación. Pero en un ambiente de neto corte juvenil que para nada recordaba las algaradas del Apra, de las izquierdas, de los populismos."Nuestra reacción se debió a que cargábamos con un sentimiento de impotencia al ver que las cosas empeoran en el país. La intransigencia, la tiranía, el ambiente de autoritarismo que se percibe es inconcebible, más aún cuando se producen bajo la sombra de un gobierno que se hace llamar democrático", opina Luz Ramírez, estudiante de la Universidad de Lima. El anonimato no tiene que ver, pues, con el miedo, sino más bien con una forma de marcar distancias con los políticos de toda índole, con los hábitos precedentes."Esta es la primera manifestación universitaria, luego de 25 ó 30 años, que no ha sido organizada por partidos políticos", señala el estudioso Francisco Sagasti. "Es una movilización espontánea que marca la reaparición de un nuevo modo de expresión, luego de la cruenta época de Sendero. Gritaban "Somos estudiantes, no somos terroristas". Eso demuestra el deseo de quitarse el sambenito que limita que cualquier persona exprese sus ideas".Frente a este mar humano, la barrera policial y la vergonzante fotografía o filmación de improvisados reporteros, con inocultable aire soplonesco resultaba ridícula o fantasmagórica. En el Congreso, ante la inminente llegada de los jóvenes, el relator pasaba lista apresuradamente. Había que correr y ante la ausencia de los congresistas de la mayoría, levantar la sesión por falta de quórum. Muchos miraban por las ventanas, otros preguntaban si eran muchos los manifestantes, hubo algunos que querían taparse los oídos ante las crecientes voces:"Montesinos, escucha, el pueblo te repudia". Varios correligionarios le preguntaban a Dennis Vargas Marín si la cosa era seria. "Me parece que sí, -decía Vargas-. Es el comienzo de algo grande. Y la culpa la tiene Chirinos Soto. ¡Cómo se le ocurre pedir 10 años de inhabilitación!". Olvidaba, claro, que él también estuvo entre los acusadores en esa subcomisión malhadada de 2 miembros.
JUNTOS , PERO NO REVUELTOS
La convocatoria para la marcha estudiantil, que muchos han calificado como la más grande de los últimos tiempos, tuvo ribetes peculiares. Cafeterías y lugares "donde se hace vida social" -según definición de los propios alumnos- sirvieron para coordinar la movilización. Otros, en cambio, lo hicieron a través de grafitis, comunicados y pizarrones. "Por la institucionalización de todas las universidades intervenidas. Por una educación superior accesible a los hijos del pueblo", rezaba un volante de la Universidad Villarreal que terminó confundido entre misivas de la CGTP, del Fentenapu y el Jode (Jóvenes Democráticos). Aunque recorrieron los mismos pasos, los jóvenes universitarios prefirieron mantener distancia de los trabajadores. "Estamos cansados de que no se oiga nuestra propia voz, un canal de televisión nos advirtió que si no hablaba algún congresista no había noticia. Los mandé al diablo", recuerda Martín Saavedra, estudiante de derecho de la Católica. Así, quienes fueron mandados, aunque no al diablo, sino a integrar las filas, fueron algunos políticos que llegaron a "solidarizarse" con la marcha estudiantil. Los alumnos buscaban de esta forma no caer en parámetros, "ni con los de izquierda, ni con los de derecha"."Esta ha sido una protesta de la sociedad civil. Es nuestra expresión ante la crisis que atraviesa el Perú y creo también que es una clara demostración de que los jóvenes estamos buscando nuestro propio espacio político", indica el sanmarquino José Ramos.
ANIMOS Y TEMORES
Para Roberto Lerner, el rechazo al liderazgo por parte de estos jóvenes responde a un crisis de representatividad en general. Sumamos a esto un temor instalado en el propio contexto estudiantil.Sólo en la Universidad de San Marcos -donde se constituyó una comisión reorganizadora hace dos años- persiste un solapado ambiente de represión. Los alumnos se cohíben de opinar -con nombre propio- sobre el gobierno, aduciendo que los pueden "fichar". "Dentro de la universidad hay agentes de inteligencia, visten terno y usan anteojos, y si no son ellos, finalmente son los propios guachimanes quienes nos amenazan si nos ven organizando marchas o pegando comunicados", cuenta un estudiante.El miedo a la expulsión es el freno. "Ya han sido retirados varios dirigentes estudiantiles", señalan."Estos chicos no reflejan una ideología, no se trata tampoco de una reivindicación política, es un estado de humor que raya con el hastío. Hay en ellos una gran espontaneidad, pero también un marcado individualismo y un desprecio por lo intelectual que ansía más bien la búsqueda de cosas prácticas", añade Lerner.
En vano la policía hizo una muralla ante el Congreso. El país fue notificado de una maciza y noble protesta.
"Buscábamos una forma de expresarnos. Sólo fuimos el canal para hacerlo", afirma Zoila Miñano, estudiante de la Pontificia Católica, universidad que congregó a gran número de jóvenes y cuya participación resultó grata sorpresa entre los transeúntes que presenciaban la marcha. Previsores, fueron ellos quienes alistaron frasquitos de vinagre y toallas. Improvisado botiquín que les permitió salir con bien de la nebulosa producida por las bombas lacrimógenas esparcidas en honor al choque -a punta de palos- entre policías y trabajadores. Nueva experiencia para los jóvenes de universidades particulares, -quienes a pesar de la trifulca -que hubieran preferido no presenciar- se sienten satisfechos con la resonancia que ha tenido la movilización. "Perdimos un megáfono y se nos rompió un bombo, pero igual creo que logramos hacerle saber al gobierno que aunque estamos callados, siempre están bajo nuestra mira", advierte Claudia Pérez.Y aunque esperan no crear expectativas, tampoco piensan cruzarse de brazos. Por lo pronto, varios de ellos alistan padrones en búsqueda de firmas para el referéndum, y otros más preparan un homenaje en desagravio a los magistrados destituidos.
Ayer y HoyEn los últimos 40 años, la vida política estudiantil ha conocido giros, revuelos y estilos.
ES parte de la tradición latinoamericana que la universidad sea el gran pórtico de los cambios políticos. El Perú no escapa a ello. Frente a lo de este cálido junio, una movilización atípica, sin embargo, habría que recordar las características de otras protestas que, en sus comienzos, fueron políticas (la reforma de Córdoba que daría lugar a la generación de Víctor Raúl Haya de la Torre y el "Cachorro" Manuel Seoane) para luego en los finales de los 50 e inicios de los 60 ser afines a cuestiones educativas (cogobierno, autonomía suspendida de La Cantuta, las leyes universitarias), aunque el ingrediente político partidario estaba muy presente.
O. Espinosa, presidente de la FEP, enfrentó a Prado.
El Apra ejercerá un predominio en el mundo universitario entre los 30 y los 50, con altibajos, persecuciones y destierros. Carlos Enrique Melgar fue el último presidente aprista de la Federación de Estudiantes del Perú. Oscar Espinosa Bedoya fue el único del Partido Demócrata Cristiano entre 1960 y 196l. Después, al año siguiente, arribaría el reputado sicoanalista Max Hernández Camarero, un independiente apoyado por las izquierdas.Luego sobrevendría una radicalización política de la FEP que la desacredita, alejándola del cuerpo principal del estudiantado y convirtiéndola en arena de luchas estrechamente sectarias.Walter Palacios, del Apra Rebelde, fue presidente de la FEP en 1963. En Ayacucho se realizó ese año un congreso estudiantil que terminó definiendo enemistades y controles en la izquierda y que Abimael Guzmán califica de capital importancia para "el movimiento revolucionario".En todo caso, Palacios sobrevivió a la clandestinidad derivada de la guerrilla de Luis de la Puente Uceda en 1964, trabajó un tiempo en Sinamos y se volvió terruco en los 80.
Los inicios de AP. Juvenil Miguel Cruchaga, presidente de ACUNI, toma banderas y defiende a estudiantes de agresión policial.
Lo sucede al frente de la FEP, Gustavo Espinoza Montesinos -de la facción PC moscovita -y de allí la federación continuó de mal en peor.En los años 60 hay dos acciones universitarias remarcables. Oscar Espinoza en la FEP protesta por la detención y violación de 11 estudiantes que fueron internados en El Sexto en las celdas de avezados delincuentes. La indignación general fue de tal magnitud que el vicepresidente de Manuel Prado, Luis Gallo Porras, acudió a la concentración convocada por Espinosa en la Plaza San Martín y anunció la destitución del Ministro Carlos Carrillo Smith.Miguel Cruchaga, de Acción Popular, sucedió a Espinosa en la ACUNI, señal del arraigo de Fernando Belaunde en el estudiantado. En 1961 se convocó a una manifestación en el Parque Universitario para protestar contra los bajos salarios de los maestros. Se marcharía luego al Congreso. La policía reprimió la marcha y murió un estudiante secundario, Juan García Collantes. El propio Cruchaga fue severamente apaleado en la avenida Abancay. Enrique Felices, por entonces estudiante, se salvó por caminar en la vereda.Poco después Cruchaga convocó a la ACUNI para rendir un homenaje al estudiante caído. El gobierno prohibió toda manifestación callejera. Con maña, Cruchaga planeó que uno a uno los estudiantes se concentraran dejando una flor como ofrenda en el lugar donde había caído el escolar. La policía los atacó en las puertas de la UNI. Cruchaga tomó una bandera y trató de marchar con ella siendo agredido. CARETAS lo fotografió en uno de los baldíos que rodeaban la UNI. En las universidades particulares, la Universidad Católica será también un semillero de dirigentes que van de la Democracia Cristiana al PPC, pasando por movimientos izquierdistas de registro radical diverso. De esas fuentes surgen figuras como Manuel Moreyra, Agustín Haya, Francisco Diez Canseco, Rafael Roncagliolo y Lourdes Flores Nano entre los 60 y los 70. En menor proporción, la Universidad Agraria tendrá también momentos de radicalismo.La población estudiantil aumenta y, naturalmente, los liderazgos partidarios se multiplican haciendo más difícil dar forma a una concentración en torno de la FEP.La restauración democrática en 1980 marca una declinación de la actividad política protestataria en los claustros universitarios. La sombra del radicalismo y el dogmatismo de Sendero, nucleado originalmente en Ayacucho, avanza en Lima y gana terreno en San Marcos y la UNI.Con el gobierno de Fujimori las universidades pierden rezagos de autonomía y finalmente son intervenidas. Sendero se convierte en un núcleo minoritario de terror y los estudiantes estaban asqueados del caos.Por reacción, los estudiantes reclaman estudiar y se alejan de cualquier activismo político. El mote de generación X alude a este afán de pasar inadvertida, de parecer una juventud apegada a la música, indiferente a lo político.
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